El Primer Día de la Semana en el Nuevo Testamento

La mayoría de los cristianos otorga especial significado al primer día de la semana y lo ha hecho por más de dieciséis siglos. En ese día, los cristianos de todo el mundo se reúnen para adorar a Dios.    

La validez de reconocer al domingo como el día especial de adoración es algo que los asistentes a la iglesia casi nunca preguntan. Sólo asumen que el domingo ha sido siempre el día en que los cristianos van a la iglesia. Y quizá han escuchado versos como el del Salmo 118:24 (“Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él”) y Hebreos 10:25 (“No dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre . . .”) los cuales mencionan para respaldar sus creencias.

Entonces, ¿por qué habría preguntas sobre el tema?

Sin embargo, tal suposición debería ser cuestionada. Existen varios factores que la ponen en duda.

Comenzando la Investigación

De acuerdo al principio de la Reforma de sola Scriptura, las creencias y prácticas de los cristianos deberían estar basadas solamente en la Biblia. Si el domingo es el día de adoración, entonces sería razonable esperar que la Palabra de Dios nos dé una confirmación de ello.

Por siglos, la mayor parte del cristianismo ha sostenido que la resurrección de Cristo marcó la inauguración del domingo como el nuevo día de adoración, sustituyendo al así llamado “sábado judío.” Muchos también creen que los apóstoles comenzaron a usar el domingo como día de reuniones y adoración tan pronto como Cristo resucitó. Contrario a esa creencia común, la iglesia apostólica continuó observando el sábado, séptimo día de la semana, aun después de la muerte y resurrección de Cristo.

El libro de los Hechos de los Apóstoles registra un total de 84 reuniones en sábado, en las cuales el apóstol Pablo predicó tanto a judíos como a gentiles. (Vea Hechos 13:14, 42, 44; 16:13; 17:2-4; 18:4, 11). En contraste, el primer día de la semana es mencionado solo en ocho versos del Nuevo Testamento, y solo uno de esos pasajes registra un servicio de adoración en ese día. Aun así, muchos piensan que esas ocho referencias proporcionan pruebas, ya sean implícitas o explícitas, de que el domingo ha sustituido al sábado como el día ordenado por Dios para descanso y adoración.

Referencias al “Primer Día”

Los ocho pasajes del Nuevo Testamento son examinados a continuación para determinar su relevancia al respecto:

1. El primer día después del sábado cuando las dos Marías vinieron a la tumba de Jesús:

Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro (Mateo 28:1).

Ninguna santidad o significado religioso es agregado al domingo en este verso. Simplemente proporciona el día y la hora cuando las dos Marías visitaron la tumba. Algunos eruditos piensan que la fecha en que el libro de Mateo se escribió fue entre los años 50 al 70 d.C, más o menos entre 20 y 40 años después de la crucifixión de Cristo. Sin embargo, después de todo ese tiempo transcurrido, Mateo no menciona nada acerca del domingo como día de adoración, incluso cuando relata las acusaciones en contra de Jesús por transgredir las tradiciones sabáticas de los fariseos, o cuando narra los eventos de la crucifixión y resurrección. Si se hubiera pretendido que el domingo tuviera algún significado religioso, o si la comunidad cristiana del primer siglo hubiera atribuido un significado religioso a ese día, resulta incongruente que Mateo no haya comentado nada al respecto.

2. El día cuando María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé fueron a la tumba a ungir el cuerpo de Jesús:

Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol (Marcos 16:2).

Este registro es simplemente otra referencia al día y tiempo cuando las mujeres fueron al sepulcro. Ellas llegaron en domingo por la mañana a ungir el cuerpo de Jesús, y hallaron que ya no estaba allí.

Él ya se había levantado y dejado la tumba. A esta declaración hecha por las mujeres que visitaron el sepulcro temprano en la mañana del domingo, y que lo hallaron vacío, no se le puede adjudicar significado doctrinal como día de adoración. La Biblia misma no hace tal aplicación.

Se cree que Marcos escribió su evangelio entre el 50 y el 65 d.C., unos 20 a 35 años después de la crucifixión. Él estuvo estrechamente asociado con Pedro y Pablo, de quienes sin duda aprendió muchos de los hechos que él registra en la narración de su evangelio, y quien llegó a estar muy familiarizado con las doctrinas que ellos enseñaban. Aun así, el evangelio completo de Marcos calla respecto a cualquier significado que se le haya agregado al primer día de la semana.

3. El día cuando Jesús apareció a María Magdalena después de su resurrección:

     Habiendo pues resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete demonios (Marcos 16:9).

Los dos manuscritos griegos más antiguos (Códices A y B), junto con muchos otros manuscritos y testigos patrísticos, no contienen Marcos 16:9-20. Varias traducciones dicen que los manuscritos antiguos más confiables omiten Marcos 16:9-20. Por ejemplo: “Los primeros y más confiables manuscritos y otros antiguos testigos no tienen Marcos 16:9-20” (Pie de nota en la Nueva Versión Internacional).

Ya sea que los versos del 9 al 20 sean una porción válida o no de las Sagradas Escrituras, no proporcionan evidencia para terminar la observación del sábado y comenzar a observar el domingo.

4. El día en que un número no especificado de mujeres galileas visitaron el sepulcro de Jesús:

El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas (Lucas 24:1).

La intención principal de este pasaje, como todos los registros de la resurrección, no es determinar el día ni la hora de la resurrección de Jesús, sino documentar el hecho de la resurrección dando evidencia de la tumba vacía y la testificación de los ángeles. Las mujeres vinieron muy temprano el domingo por la mañana solo para encontrar que Jesús ya se había levantado. El evangelio de Lucas al igual que Mateo y Marcos tampoco da un significado religioso al primer día de la semana.

Se cree que Lucas escribió el libro de Los Hechos por el año 63 d.C., y su evangelio fue escrito poco antes de eso. Ambos libros aparentemente fueron escritos entre 20 y 35 años después de la Crucifixión. Ningún libro da otro significado al primer día de la semana que el de declarar cuándo sucedieron estas cosas.

El hecho de que Lucas no menciona la suspensión de la observancia del sábado y el inicio de la observancia del domingo después de muchos años de haber estado asociado con Pablo, es muy significativa. Como historiador cuidadoso, él seguramente habría documentado diligentemente el conflicto causado por tal cambio como registró el conflicto causado por el asunto de la circuncisión.

5. El día en que María Magdalena visitó el sepulcro:

El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro (Juan 20:1).

El primer día de la semana es mencionado aquí del mismo modo en que es mencionado en

Lucas 24:1 —, solo como parte de la narración histórica señalando el tiempo de la visita de María a la tumba. El evangelio de Juan tampoco atribuye significado religioso a ese día.

6. El momento después de la resurrección cuando Cristo apareció a sus discípulos:

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros (Juan 20:19).

Es cierto que este verso afirma que los discípulos estaban reunidos, “por miedo a los judíos.” Pero no es cierto, y tampoco se dice, que el propósito de su reunión era para adoración. No se dice que ellos cantaban, oraban o leían las Escrituras, ni tampoco indica cuales eran sus temas de discusión.

La resurrección no es mencionada; nada se dice de terminar la observación del sábado; nada se dice de una celebración de la resurrección; nada se dice acerca de reuniones futuras o de algún día y fecha. La ocasión aquí mencionada fue usada por el Señor para fortalecer la fe de los discípulos y para poner paz en sus corazones. Ni el texto, ni el contexto sugieren el cambio de días para la adoración regular.

Se cree que el evangelio de Juan fue escrito por el año 90 d.C., unos cincuenta años o más después de la Crucifixión. Juan tampoco hace referencia a un cambio del sábado al domingo, ni a algún significado agregado al primer día de la semana. Si tal cambio hubiera ocurrido, es extraño que él no haya dado indicios de tal cambio.

7. El día en que los discípulos se reunieron para partir el pan:

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche (Hechos 20:7).

Si la reunión que el apóstol Pablo tuvo con los discípulos en Troas se inició al comienzo del primer día de la semana (que es al anochecer del sábado), ésta debió haber continuado hasta el domingo en la mañana. Este servicio de adoración fue el sábado al anochecer y el domingo sería el día en que el apóstol Pablo se dedicaría a viajar (verso 13). Esto no apoya la idea de un servicio regular matutino el día domingo o  cualquier otro día de la semana. Nada se dice, de que si el primer día de la semana es un día sagrado; tampoco se hace ninguna sugerencia para repetir la reunión el primer día de cada semana.

Aquí existe otra posibilidad. Esta primera reunión con Pablo en Troas,  pudo haber sido un servicio realizado el domingo por la tarde y por la noche, alargándose aun después de la puesta del sol y la medianoche hasta el lunes en la mañana, el segundo día de la semana. En este caso, la mayor parte del servicio que tuvieron por la tarde y el partimiento del pan (verso 11) de ninguna manera sucedieron en domingo.

A menudo se piensa que el propósito de reunirse para partir el pan significa reunirse para tener un servicio de comunión. Sin embargo, el texto no revela que el partimiento del pan de parte de los discípulos tenga algo que ver con un servicio de comunión. “Partir el pan” era una expresión común que se refería al tiempo dedicado a compartir los alimentos como se sugiere en Hechos 2:46 (ver también 27:35)

La Biblia no da ninguna sugerencia respecto a que cualquier día de la semana estuviera ligado con observar la comunión en la iglesia primitiva. ¡Esto se podría haber dicho de cualquier día de la semana en que los discípulos se reunían para comer, pero eso no daría pauta para establecer la sustitución de un día de adoración!

8. El día en el cual cada miembro de la iglesia de Corinto debía apartar o ahorrar dinero para los santos pobres en Jerusalén:

Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue, no se recojan entonces ofrendas (1 Corintios 16:2).

Ninguna reunión es sugerida aquí, en lugar de eso Pablo dice “cada uno de vosotros ponga aparte algo.

“Ninguna oración, ningún canto, y ninguna predicación son aquí mencionados, y nada se dice acerca de que la gente debía estar reunida en un servicio para cumplir esas instrucciones de Pablo. Cuando él dice: “para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” con toda seguridad no sugiere establecer un patrón de actividades durante algún tiempo de reunión.

La exhortación de Pablo es individual (“cada uno de vosotros,” o literalmente en Griego: “cada uno de vosotros mismos”). El pidió que ellos “apartaran algo” como contribución para los santos destituidos de Jerusalén. Lo más natural para cada individuo fue obedecer esto en sus propias casas.

La interpretación natural de las instrucciones de Pablo es como sigue: Él llegaría, las ofrendas debían de ser recolectadas en forma individual antes de su llegada, y las instrucciones iban a terminar cuando las ofrendas fueran llevadas a Jerusalén. Concluir que este verso prueba que el domingo estaba siendo regularmente reconocido como día normal de adoración complementado por la recolección de ofrendas, es asumir mucho más de lo que el verso está diciendo.

El Día del Señor

La expresión Día del Señor se encuentra sólo una vez, en Apocalipsis 1:10. En tal ocasión es usada sin tener relación con determinado día de la semana.

Juan escribió: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor.” Comúnmente es reconocido que éste término señala que hay un día específico que le pertenece al Señor. Pero ¿Cuál “día”?

Durante siglos, el domingo ha sido popularmente identificado como el “Día del Señor.”

Según la Enciclopedia Británica, “el primer escritor que menciona el nombre domingo como aplicado al Día del Señor es Justino Mártir; ésta designación del primer día de la semana, que es de origen pagano (ver Sábado, vol. xxi, p. 126), había venido a ser de uso general en el mundo romano poco antes de que Justino escribiera”.1

Justino Mártir lo escribió alrededor del año 150 d.C. y desde sus días ha sido determinado como una conclusión definitiva entre muchos cristianos que el domingo es el “Día del Señor.”

Esta introducción del concepto de que el domingo es el “Día del Señor” es un concepto extra bíblico sin ningún apoyo en las Escrituras.

No se debe asumir que porque ciertos hombres, escribieron de 100 a 300 años después de Juan, usando Día del Señor como un sinónimo para el domingo, que también Juan debió haberlo escrito con el mismo propósito. Como el apóstol Juan no definió El Día del Señor en sus propios escritos, y como él incidentalmente usó el término sin amplificación, no debe ser citado como una prueba textual para convertir un día en santo cuando no se le ha identificado de esa manera.

Si en realidad Juan tenía en mente un día semanal cuando usó la frase “Día del Señor,” sería más lógico asumir que se refería al sábado, séptimo día de la semana, ya que la Biblia no identifica de esa manera a otro día. El Señor dijo por medio de Isaías: “Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo…” (58:13); y Marcos registra que Jesús dijo: “Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Marcos 2:28).

Otro punto de vista favorable sugiere que Juan no tenía en mente un día semanal específico. En lugar de eso, Apocalipsis 1:10 se refiere a una transportación espiritual de Juan al último “Día del Señor.”

Por lo tanto, el término “Día del Señor,” es una expresión escatológica paralela al “día del Señor” hallada en textos tales como 1 Corintios 5:5; 2 Corintios 1:14; 1 Tesalonicenses 5:2; y 2 Tesalonicenses 2:2.

Aunque Juan no usa la frase griega usual del Nuevo Testamento para “día del Señor,” eso en sí no quita  la posibilidad de que la frase día del Señor sea entendida en un sentido escatológico.

W. E. Vine, en su Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, bajo el encabezado “Día,” declara:

Así como el “día” arroja luz sobre las cosas que han estado en tinieblas, la palabra [día] a menudo es asociada con el juicio que vendrá sobre las circunstancias. En 1 Corintios 4:3, “el día del hombre,” o sea “el juicio de los hombres,” denota meros juicios humanos sobre cuestiones (“del hombre” es traducido del adjetivo griego anthropinos, humano), un juicio ejercido en el periodo presente de rebelión humana contra “Dios,” por lo cual “el Día del Señor,” Apocalipsis 1:10 (donde de un modo similar el adjetivo kyriakos es usado), es el día de su manifestación en juicio al mundo.2

En conclusión, debería tenerse cuidado para no adjudicar otro significado sobre Apocalipsis 1:10 del que se le quiso poner. La frase incidental e indefinida de Juan refiriéndose al “Día del Señor” no es base para manipular tan fácilmente y tan fuerte las enseñanzas teológicas sobre el domingo.

Cumplimiento de los Primeros Frutos

Si algun significado teológico podría otorgársele al “primer día de la semana” en las Escrituras, sería el que cumple una fecha importante en los festivales del calendario hebreo.  Los eventos centrales del evangelio sobre la muerte y resurrección de Jesús coinciden providencialmente con las fiestas israelitas de primavera: Pascua, Panes sin Levadura y las ofrendas de las gavillas (Primicias) (Levítico 23:4-12).

Los evangelios nos reportan la muerte de Jesús y su sepultura en las fechas de la Pascua y Los Panes sin Levadura  (Marcos 14:1). Y lo mismo es con las apariciones después de su resurrección en “el primer día de la semana” (Griego: te mia ton sabbaton — que literalmente significa “el primer [día] de sábado”) y que está correlacionado con mecer públicamente las primeras cosechas de las espigas “el día después del sábado” semanal de las fiestas solemnes (Levítico 23:10, 11).

Después de ese evento se cuentan 50-días para el inicio del Pentecostés  (23:15, 16; Hechos 2:1).

Cuando los seguidores de Jesús estaban visitando su tumba al final del sábado y en la madrugada del domingo (Mateo 28:1; Marcos 16:1, 2), no muy lejano del lugar, los sacerdotes del templo estaban siguiendo con el ritual de las primicias. Primero, recogían las gavillas al final del sábado y después las traían al templo para seguir con el segundo paso: mecerlas públicamente como ofrenda a Dios el “día después del sábado.”3

El apóstol Pablo usó esta imagen del mecimiento de las gavillas para ilustrar algo. Jesús murió y resucitó de acuerdo a las Escrituras, Pablo escribió en 1 Corintios 15 “como primicias de los que durmieron” (v. 20).

Éstas primicias de los muertos anticipan la total cosecha de la resurrección que vendrá: “Cristo las primicias después los que le pertenecen cuando él venga” (15:1-4, 20-23).

Por lo tanto, “el primer día de la semana” tiene un papel en la historia del evengelio. La frase en griego, te mia ton sabbaton, es un recordatorio de la relación del primer día de la semana con el sábado semanal —el único día de la semana bíblica con un nombre propio. En vista del calendario del templo de Israel, este primer día después de la Pascua-crucificción fue cuando Jesús apareció a los discípulos como Señor resucitado, cumpliendo así para Dios, el ritual sacerdotal del mecimiento de las primicias de la cosecha del año. Esto, a pesar de ser tan importante en términos  de tipología levítica, no dice nada acerca de un supuesto cambio en la santidad del sábado semanal que cambiara del séptimo a cualquier otro día.   

Conclusión

Tal como hemos visto, sólo hay un total de tres “domingos” mencionados en el Nuevo Testamento. Las seis referencias al domingo en los evangelios se refieren al mismo día— el día en que las mujeres encontraron la tumba vacía y que Jesús apareció a los discípulos. El segundo sábado nos habla de la reunión de despedida que tuvo el apóstol Pablo con los discípulos en Troas (Hechos 20:7). Y el tercer domingo se refiere al día cuando los creyentes de Corinto contribuyeron económicamente para los pobres de Jerusalén.

Después de haber revisado estos textos, encontramos que ninguno de ellos nos otorga autoridad bíblica de que el domingo haya sustituido al día sábado como día de descanso y adoración. Generalmente, el tiempo de las referencias en todos los ocho pasajes del “primer día” no tiene un significado teológico explícito otro que el indicarnos cuando sucedieron ciertos eventos. Sin embargo, las referencias de los evangelios, sugieren el cumplimiento del festival anual Israelita del Mecimiento de las Primicias de las Gavillas, quedando establecido en forma única entre las fiestas de la Pascua y el Pentecostés.

El proceso por el cual el domingo vino a ser el día acostumbrado para las reuniones de adoración pone en evidencia como adjudicamos a las Escrituras significados que no tienen ninguna evidencia. Este proceso coloca más importancia a suposiciones que a las declaraciones bíblicas de la voluntad de Dios

El asunto crucial y básico aquí es la base válida de la autoridad espiritual: ¿Es la Biblia nuestra única autoridad para la práctica de la fe o se nos permite suplementar y suplantar las enseñanzas de las Escrituras con tradiciones extra bíblicas?

Sola Scriptura— o Sólo la Biblia— fue aceptada por los cristianos de la Reforma como la regla final para la fe y práctica. La norma de “Sólo la Biblia” nos reta a volvernos al séptimo día sábado, no a sustituirlo por el domingo en lugar del día de la semana que Dios bendijo y santificó.


1 Enciclopedia Británica, Vol. xxii, artículo “Domingo” (La Compañía Werner, Nueva York y Chicago, 1898), p. 654.

2 W. E. Vine, Diccionario Expositivo de Palabras Bíblicas (Nashville, TN: Thomas Nelson, Inc., 1985), 46.

3 Alfred Edersheim, El Templo: Su Ministerio y Servicios (Peabody, MA: Hendrickson Publishers, Inc., 1994), 203-205.

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