El Ciclo Semanal

Las preguntas sobre la continuidad histórica del ciclo semanal de siete dias les interesan a dos grupos religiosos. Primero, a los que observan el séptimo día de la semana sábado, como su día de reposo; y segundo, a los que quieren conmemorar la resurrección de Cristo en el primer día de la semana, llamándolo “el Día del Señor.”

Los cristianos que observan el sábado según el cuarto mandamiento (Éxodo 20:8-11) quieren estar seguros que el día que observan realmente es el séptimo día de la semana. Ese es uno de los propósitos de este studio.

Muchas denominaciones no enseñan que el cuarto mandamiento require que los cristianos observen el séptimo día. Pero en su búsqueda de honrar la resurrección de Cristo el primer día de la semana, es de importancia para ellos identificar que día de la semana es.

La Iglesia de Dios (Séptimo Día) confía que observar el mandamiento de guardar el séptimo día de la semana como Día de Reposo es la voluntad de Dios para los cristianos, y que el día de la semana llamado sábado es el séptimo día, el mismo día al que se hace referencia en el Antiguo y Nuevo Testamento.

Esta pregunta pareciera no tener mayor importancia para los que no tienen interés en lo que significa el Día de Reposo o el primer día de la semana como una observancia religiosa.

Sin embargo, la mayoría de judíos y cristianos comparten un interés común de preservar el ciclo semanal sin interrupción para poder indentificar sus respectivos días de adoración.

Dudando de la Continuidad

A algunos les cuesta trabajo creer que el ciclo semanal de siete días se ha mantenido por miles de años. Muchos opinan que no ha sido preciso por muchos siglos.

También varios opinan que su continuidad no se ha mantenido intacta a través de los siglos.

Algunos creen que no fue observado durante el periodo entre la creación y Moises, y, por lo tanto, el ciclo semanal de la observancia del sábado de Israel no fue una continuación entera de semanas desde el principio.

Algunos creen que la cautividad en Babilonia interrumpió el ciclo semanal y que la dispersión de los judíos no permitió su continuidad después que Babilonia destruyó Jerusalén.

Algunos creen que debido a las reformas en los calendarios después de la resurrección de Cristo, estos cambios causaron la interrupción del ciclo otra vez.

Algunos proponen que la misma Biblia muestra que la continuidad del ciclo semanal no fue importante para Dios, porque el sol se quedó en su lugar por un día en los tiempos de Josué (10:12-14).

En estas formas tan variadas, las personas llegaron a la conclusion de que es imposible, y por lo tanto sin importancia, saber cuál día de la semana es el séptimo día.

El Milagro de Un Día

La idea de que el periodo extra de luz del día durante el tiempo de Josué confundió al calendario ignora  el hecho que un “día” en la Biblia es primero el periodo de noche y después el periodo de día. Se marcaba de puesta del sol a puesta del sol.

También, esta idea ignora el hecho que este periodo completo de luz del día no se considera por la Biblia como si fueran dos días, sino como  uno solo: “Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y nunca fue tal día antes ni después de aquel” (Josué 10:13b, 14a).

La verdad es que Dios siguió responsabilizando a Israel de guardar el sábado como si no hubiera habido un día largo. El ciclo semanal y el sábado que Israel observaba tuvieron la bendición de Dios, como podemos ver cuando les pedía que conmemoraran del sábado a través del Antiguo Testamento.

El Milagro del Maná

No hay registro bíblico de la observación del sábado después de que Dios lo instituyera al final de la semana de la creación hasta que Israel salió de Egipto. Sin embargo, un poco antes de que Moises recibiera los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí, donde se convocaba para la observación del séptimo día, Dios lo identificó en una manera positiva con un milagro.

Este milagro fue el alimento llamado maná. Éste aparecía en el suelo seis días de la semana, con una porción doble en el sexto día. Después no caía maná del cielo en sábado, el séptimo día de la semana. Si se hubiera perdido la continuidad o identidad del sábado desde la creación hasta ese periodo, entonces con esto Dios quitaría toda duda al usar este milagro que duró cuarenta años (vea Éxodo 16:15-30; Josué 5:11, 12; Nehemías 9:13-15).

Los profetas de Dios confrontaban a Israel con frecuencia porque no guardaban el sábado. Sin embargo, hubo un remanente del pueblo que se mantenía fiel a Dios (1 Reyes 19:18). La evidencia del Antiguo Testamento no indica una pérdida de la continuidad del ciclo semanal o la observación del sábado durante el tiempo de los jueces y los reyes de Israel.

El Sábado Después de la Cautividad

Después que regresaron de la cautividad en Babilonia, Esdras y Nehemías sabían que día de la semana era el sábado e instruyeron cuidadosamente a los judíos que regresaban de la cautividad a que lo observaran (Nehemías 10:31; 13:15-22).

Josefo relata que bajo el liderazgo de los Macabeos, los judios se rehusaron a pelear con los soldados de Antioco en sábado. Estos eventos occurieron durante el periodo entre el último de los profetas (Malaquías) y la primera venida de Cristo (vea Josefo, Libro XII, Capítulo VI).  Esta evidencia indica que hubo continuidad del ciclo semanal desde el tiempo de los últimos escritos del Antiguo Testamento hasta el tiempo del ministerio de Cristo.

Durante el Ministerio de Jesús

Los evangelios hablan con frecuencia de la práctica de guardar el sábado en la vida y ministerio de Cristo. Había numerosas confrontaciones entre Cristo y los judios sobre muchos cargos que siempre le hacían. Sin embargo, no hay nada registrado de algún desacuerdo entre ellos acerca de que día era el sábado. No es posible que la identidad del sábado hubiera sido un problema cuando el Hijo de Dios asistía cada sábado a las sinogagas de los judíos (Lucas 4:16), dando así una aprobación tácita del tiempo que ellos apartaban para adorar.

De Jesús hasta el Presente

Muchos creen que los apóstoles iniciaron la observación del primer día de la semana como día de adoración, honrando así la resurrección de Cristo. También veían que Pablo y otros se reunían el primer día de la semana (Hechos 20:7), coleccionaban fondos en el primer día de la semana (1 Corintios 16:2), por la expresión de Juan “el Día del Señor” en (Apocalipsis 1:10), y por la amonestación de Hebreos 10:25 de no dejar “de congregarse, como algunos tienen por costumbre.”

Esta forma de pensar indica que la iglesia cristiana se preocupaba por identificar el primer día de la semana como día de adoración desde la resurrección de Cristo hasta ahora. El primer día de la semana se observa por casi la mayoría de los cristianos como una celebración de la resurrección de Jesús.

Varias preguntas nos ayudan a poner en perspectiva el problema acerca de la preservación del ciclo semanal durante el periodo entre la muerte de Cristo y el presente:

  • ¿Qué tan probable es que incluso durante el tiempo de la persecución, todas las comunidades judías esparcidas en todo el mundo hayan perdido la cuenta de que día de la semana era el sábado?
  • Si tal situación se hubiera desarrollado, ¿no habría un registro histórico de cómo todos se habrían puesto de acuerdo para saber que día establecerían otra vez como el sábado?
  • ¿Qué tan probable es que durante la persecusión de los cristianos, todos esparcidos en diferentes comunidades hubieran perdido la pista de cuál día era el sábado o el primer día de la semana?
  • Si tal situación se hubiera desarrollado, ¿no habría un registro histórico de cómo todas esas comunidades cristianas se habrían puesto de acuerdo para saber que día del ciclo semanal era el primer día?
  • ¿Cómo es que los judíos y cristianos que observan el sábado y los que observan el primer día de la semana están todos de acuerdo de que día es el séptimo y que día es el primero?

¡La respuesta a esas preguntas no es complicada! Los judíos y cristianos han estado de acuerdo porque el ciclo semanal no se ha interrumpido entre el tiempo de Cristo y el principio de siglo veintiuno.

Su acuerdo no es debido a una decisión mutua para reestablecer arbitrariamente el ciclo semanal.

Entonces ¿qué encontramos? A medida que el gobierno romano se preocupaba por las comunidades  cristianas y judías, los primeros concilios de la iglesia discutieron observar el primer día de la semana en lugar del séptimo día, lo cual ellos consideraban que era de los judíos. Los líderes amonestaron al pueblo que observaba el sábado para que ya no lo hiciera, sino que observara el “Día del Señor,” que significaba el primer día de la semana.

Esto indica que hubo una conciencia profunda de parte de las autoridades religiosas y civiles de que día de la semana era el primero y que día era el séptimo.

La tensión causada por los dos diferentes puntos de vista, la observación del primer día de la semana contra la observación del sábado, ha sido constante desde que la observación del primer día inició entre los cristianos en el segundo siglo después de Cristo.

La Duda Sobre los Cambios del Calendario

La cuestión sobre la reforma al calendario en los últimos dos mil años necesita ser considerada aquí. ¿Hay algún registro de los cambios que se han hecho al calendario? ¡Por supuesto que sí los hay!

Existen muchas fuentes que proporcionan esta información detalladamente, dicen exactamente cómo y cuándo se cambió el calendario en diferente países (no todos simultáneamente). Todas las fuentes confirman que los cambios en el calendario no afectaron al ciclo semanal. La mayor reforma al calendario que se llevó a cabo en la era cristiana fue el reemplazamiento del calendario Juliano por el calendario Gregoriano en 1582.

Una cosa es común en la adopción de la reforma del calendario por varios países sobre un periodo extendido. Un cierto número de días se borraron del ciclo mensual, pero no se añadieron ni quitaron días de la semana en ninguno de los cambios al calendario cuando el calendario Gregoriano reemplazó al Juliano. Por ejemplo, en octubre de 1582, se quitaron diez días para hacer coincidir el calendario con el año solar. El registro indica exactamente lo que pasó con respecto al ciclo semanal, así también como a los días que se borraron en el mes de octubre de 1582.

La historia registra que los días se eliminaron solo del número de días en un mes, pero la reforma al calendario no interrumpió al ciclo semanal. Vea la siguiente nota de la Enciclopedia Católica (Edición 1910, Vol. 3, página 740, en el artículo “Cronología”):

Se debe notar que en el periodo cristiano, el orden de los días nunca se ha interrumpido. Por lo tanto, cuando Gregorio XIII reformó el calendario en 1582, el jueves 4 de  octubre, fue seguido por el viernes, 15  de octubre. Y en Inglaterra en 1752, el miércoles, 2 de septiembre, fue seguido por el jueves, 14 de septiembre.

Un número distinto de días se eliminaron en Inglaterra que ya anteriormente se habían eliminado en Roma bajo Gregorio XIII a causa del retraso de dos siglos antes que Inglaterra adoptara el calendario Gregoriano. Durante ese tiempo, mientras Inglaterra continuó bajo el calendario Juliano, el calendario en Inglaterra se desvió un día mas del año solar (vea en Encyclopedia Britannica, artículo “Calendar,” volume 4, pag. 671, 677, edición 1902).

El calendario Gregoriano se adoptó por los estados alemanes en 1700, por Inglaterra en 1752, por Suecia en 1753, y por Rusia hasta 1918 (vea Will and Ariel Durant, The Story of Civilization, Vol. VII, “The Age of Reason Begins,” pág. 595).

No hay registro de que el ciclo semanal de siete días haya sufrido un cambio. Por lo tanto podemos tener la certeza de cual es el séptimo día y cual es el primer día de la semana.

Sin embargo, se han propuesto varios sistemas para estabilizar la semana, los meses y los años. De haberse adoptado, hubieran interrumpido el ciclo semanal. Una propuesta, por ejemplo, tuvo la aprobación de los Durant:

Idealmente, el calendario tendría trece meses, cada uno de veintiocho días, con un día festivo sin fecha (o dos en años bisiestos) al término del año. Dicho calendario de una página, con aparatos rotativos para indicar el mes y el año, podrían servir para cada mes indefinidamente; cada día de la semana caería en las mismas fechas cada mes y cada año; el año fiscal se dividiría equitativamente en meses iguales y trimestres iguales. Pero, esto confundiría a los santos. (Will and Ariel Durant, The Story of Civilization, Vol. VII, “The Age of Reason Begins,” pag. 595).

Sistemas similares han sido seriamente considerados por varios gobiernos, pero hay mucha oposición generada por tales propuestas. Por lo consiguiente, ninguna propuesta se ha adoptado aunque se han hecho propuestas vez tras vez.

Conclusión Lógica y Resumen

Entonces ¿cuál es la conclusión lógica? El ciclo semanal ha continuado sin interrupción desde que Israel empezó a observar el sábado después de haber salido de Egipto. Si es que se hubiera interrumpido previamente, entonces, obviamente el ciclo se habría reestablecido y validado por el milagro del maná que aparecía durante seis días cada semana, pero no el sábado, por cuarenta años en el desierto (vea Josué 5:12).

El sábado como se observa por los judíos fue reconocido como válido por nuestro Señor Jesucristo en los tiempos del Nuevo Testamento. Desde entonces, los cristianos y los judíos han insistido en mantener sus convicciones y sus prácticas para observar sus respectivos días para adorar y eso ha hecho imposible que haya habido una interrupción en el ciclo semanal.

¿Por qué Discutir este Asunto?

Algunos pudieran estar desconcertados del por qué necesitamos hablar sobre este asunto. La necesidad surge de los argumentos que se han hecho para desacreditar la observación del séptimo día, sábado.

Un argumento dice que ninguna persona puede estar segura de cual día es el séptimo día de la semana y que el domingo podría ser también el séptimo día como lo es el sábado. Algunos piensan que el domingo es realmente el séptimo día de la semana.

Otro argumento dice que “uno de siete” es todo lo que importa. Cuando se toman en consideración minusiosamente todos los argumentos, no hay una razón válida para tratar de desacreditar la observación del sábado basado en que haya perdido su identidad en el ciclo semanal. La Biblia y la historia no apoyan este argumento.

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