Qué Debo Hacer para Ser Salvo

¿Qué Debo Hacer para Ser Salvo?

¿Alguna vez se ha preguntado, “¿Dónde voy a pasar la eternidad?” Tristemente, muchas personas hacen preparativos para el corto tiempo que van a pasar en esta vida, pero cometen el error de no prepararse para lo que hay más allá.

Prepararse para la eternidad es de lo que trata el plan de salvación de Dios.

Como obra de nuestro Padre Celestial, la salvación rescata a la humanidad de la ruina del pecado y de la muerte eterna que trae consigo. Trata con nuestro pecado — que es la causa de nuestra perdición o de la separación y de la falta de comunicación con nuestro Dios.

La salvación nos lleva a la vida eterna, y es gratuita. Cuando seguimos algunos pasos descritos en la Biblia para recibir el glorioso regalo de la gracia de Dios, nunca deberíamos considerarlo como algo que nosotros hicimos, es únicamente un regalo de Dios. Y al aceptarlo, aceptamos también la vida eterna.

Entonces, ¿Qué deberíamos hacer para ser salvos?

Fe

El Nuevo Testamento cuenta las buenas nuevas de Jesucristo — y dice que la salvación depende en aceptarlo como nuestro Salvador por medio de la fe. La salvación solamente es posible por medio de Cristo. Así que el primer paso para la salvación es creer esto.

Con mucho cuidado lea estos versos que enseñan esta verdad tan importante:

  • Mas a todos los que le recibieron [a Jesús], a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).
  • De tal manera amó Dios al  mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16).
  • Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).
  • Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le levantó de entre los muertos, serás salvo (Romanos 10:9).

El evangelio de Juan se escribió como un registro de las muchas y maravillosas cosas que Jesús dijo e hizo mientras estuvo en la tierra. Este evangelio nos proporciona las bases y fundamentos para creer en Él.

  • Estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre (Juan 20:31).
  • El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

El apóstol Pablo vio la verdad de la salvación por gracia de Dios en respuesta a la fe cuando escribió: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8

Pero, ¿qué es la fe exactamente?

Igual que creer, la fe es confiar en la realidad de Dios y en la obra de la salvación que hizo posible a nuestro favor por medio de Cristo, como lo enseña la Biblia. Por lo cual, hemos sido llamados a creer que Jesús es el Cristo y el Hijo de Dios y que por su muerte, sepultura y resurrección, somos perdonados de nuestros pecados y somos bienvenidos a su reino eterno.

¿Creerás esta gran verdad? Si es así, puedes ser salvo por la gracia de Dios.

Arrepentimiento

Sin embargo, debemos hacer más que creer en Jesús, también debemos expresar que creemos en Él como el Cristo, como el que nos salva del pecado. El pecado conduce a la muerte, pero Dios envió a Jesús al mundo para librarnos de nuestros pecados y de la ira de Dios sobre los pecadores.

Cuando Pedro, un discípulo líder de Cristo estaba predicando el evangelio en el Día de Pentecostés, invitó a todos a que creyeran en Jesús. Las palabras de Pedro trajeron convicción al corazón de las personas, los cuales clamaron, “hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37).

En respuesta a su fe, Pedro les dijo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (v. 38). En este verso Pedro dio dos instrucciones muy importantes para cualquiera que desea la salvación y la vida eterna: arrepentirse y bautizarse.

Trataremos con el tema del bautismo en la próxima sección.

Cuando nos damos cuenta que Dios hizo todo para que obtuviéramos la salvación por medio de su amado Hijo, nuestros pecados nos causan dolor. Y eso nos lleva a confesar nuestros pecados a Dios y podemos estar seguros de que nos perdonará y purificará.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

A este proceso de remordimiento causado por el pecado, de confesión, y de apartarse del pecado se le llama arrepentimiento. El arrepentimiento genuino siempre trae consigo un cambio.

Antes de arrepentirnos, aceptamos el pecado como una forma normal de vida. Pero cuando nos damos cuenta de lo serio que es el pecado — que trae consigo la muerte — nos volvemos a Dios y nos arrepentimos, es entonces que experimentamos un cambio de corazón.

El arrepentimiento es más que sentir remordimiento por el pecado, es alejarse de el. Toma el camino correcto en lugar del erróneo como lo era anteriormente en la vida pecaminosa. El apóstol Pablo apoyó este concepto al predicar a judíos y gentiles diciendo “que se arrepintieran y se convirtieran a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20).

Pablo dijo que el arrepentimiento debe traer un cambio en nosotros: obediencia a la Palabra de Dios.

¿Por qué es vital esto? porque nuestras obras demuestran que nos hemos vuelto de nuestra pecaminosa forma de vivir a obedecer y a servir al Dios viviente.

Bautismo

Según Hechos 2:38, el siguiente paso después del arrepentimiento es el bautismo en el nombre de Jesús. En este capítulo Pedro predicó, “Sed salvos de esta perversa generación” y tres mil personas alegremente recibieron su palabra y fueron bautizados (v. 40, 41). Entonces, por medio de la fe, el arrepentimiento y el bautismo, el Señor añade a la iglesia aquellos que han de ser salvos (v. 47).

Por supuesto, Pedro no fue el primero en hablar del bautismo. Jesús enseñó que los creyentes deberían bautizarse. Justo antes de que Jesús ascendiera al cielo, les dijo a sus apóstoles:

Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (Mateo 28:19, 20).

El Nuevo Testamento describe el bautismo como una sepultura (Colosenses 2:12), como una inmersión en agua que simboliza la limpieza interior que reciben los creyentes por fe en la sangre de Cristo. El bautismo identifica públicamente al nuevo creyente con Cristo, su muerte, sepultura y resurrección (Romanos 6:3-4).

Debemos creer en Jesús como Salvador y como Hijo de Dios, después debemos volvernos del pecado a Cristo y obedecer la palabra de Dios. Pero hasta que seamos bautizados en agua en el nombre de Jesús, nuestra respuesta a la oferta de vida eterna departe de Dios no se ha completado según las Escrituras.

Acepta el Regalo de Dios

Si usted tiene en alta estima una vida larga y feliz en la tierra, entonces, ¿por qué no tomar los pasos necesarios para recibir el regalo de Dios de la vida eterna cuando esta vida termine? Puede responder a la oferta de salvación de Dios al poner su fe en Cristo, arrepentirse y bautizarse. Quizá quiera hablar con un ministro cristiano o algún creyente que lo guie por estos pasos.

Le invitamos para que ponga su fe en Dios por medio de Cristo haciendo esta oración:

“Querido Dios del cielo, confieso que soy un pecador. Te pido que la sangre de Jesús me limpie de todo pecado. Te entrego mi vida a ti y te pido que me guíes en todos mis caminos, con tu Espíritu Santo, a través de tu Palabra. Gracias por perdonar mi pecado. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.”

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